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Más trabajo por el mismo precio: golpes de la inflación al transporte

Golpes de la inflación al transporte

La variación anual del sector, a septiembre del 2022, fue de 9,59 %. Y su contribución al dato de 11,44 % fue de 1,23 puntos porcentuales.

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Carlos Fernando Ramírez Castaño tiene 57 años y en 1992 empezó a trabajar como conductor de transporte de carga terrestre: creó su empresa, creció de a poco y logró consolidarse con tres camiones. Gracias a su profesión, y junto a su esposa, sacó adelante a sus dos hijos. Y en tres décadas en el sector, con algunos momentos altos y otros bajos, es la primera vez, a septiembre del 2022, que se siente en una situación económica “muy difícil” en su trabajo.

“Desde el 2020, en pleno año fuerte de la pandemia del covid-19, las cosas empezaron a ponerse complicadas. Después, en el 2021, el estallido social que hubo nos jodió. Ahora, en el 2022, los precios están por las nubes y los transportadores estamos mal”, afirma.

Carlos Fernando conoce bien el transporte de carga y el país. Ha trabajo con productos refrigerados, materias primas, elementos para el hogar y flores, entre otros. Y ha recorrido la Costa Caribe, el Pacífico, la región Andina. Pero, manifiesta, no hay garantías para su negocio en la actualidad.

En estos momentos, el transporte en Colombia está muy competitivo y muy mal pago. A eso le sumo que las carreteras son muy malas, los peajes son carísimos y se vienen presentando muchas protestas que, estando en la vía, nos dejan a la deriva”, sostiene.

Su economía, dice, está llena de rotos: los precios de los alimentos subieron; los hoteles están caros; los parqueaderos son impagables y el mantenimiento del vehículo, en llantas; repuestos y revisiones técnicas y mecánicas; sube y sube.

“Antes, pagaba por un desayuno normal, no el mejor del mundo, entre 10.000 y 12.000 pesos. Ahora, un desayuno normal, insisto, me sale en 20.000 pesos. En el caso del mantenimiento de los carros, los costos se me subieron entre 10 %y 15 %”.

En el caso del combustible, usa ACPM para sus vehículos. Si bien el Gobierno Nacional aseguró que mantendrá los precios de éste hasta junio del 2023, Carlos Fernando sí ha tenido un gasto extra relacionado con este ítem: la urea.

Este compuesto químico ha entrado a su ‘canasta’ por cuenta de la renovación que hizo a su parque automotor.

A los carros modernos les están exigiendo urea para ser amigables con el medio ambiente”, narra.

¿Y cómo funciona este producto? “Es un componente que al mezclarse con el ACPM no produce humo y es amigable con el entorno, pero no con los vehículos: la urea nos ha hecho hueco, es más costosa que el mismo ACPM”.

Según explica, la urea tiene su propio tanque. En su caso puntual, para un viaje largo, paga 350.000 pesos de combustible y 70.000 pesos de urea. Pero mientras el primero le aguanta varias jornadas, el segundo debe recargarlo a los dos días.

“Mis gastos generales en el trabajo, contando todo, se me subieron entre un 25 % y un 30 %”, añade.

El golpe es mayor, asevera, porque, mientras se le aumenta lo que debe invertir en sus viajes, a él le pagan lo mismo que hace un par de años. Además, agrega, hay competencia desleal.

“Primero, no puedo subir lo que cobro. Segundo, a carros de menor tonelaje les permiten cargar casi que lo mismo que a carros de alto tonelaje, y lo cargan más barato. Entonces, las empresas se ahorran costos con vehículos más pequeños”.

Para solventar el dinero extra que está usando le toca buscar más trabajo, el cual es difícil encontrar, y hacer recortes en su diversión y su esparcimiento: menos salidas a comer, a cine, a pasear por las obligaciones por las que debe responder.

Esto ya quedó así. Los precios altos con los que vivimos ahora no van a bajar. Estamos perjudicados y solo esperamos que nos paguen mejor”.

La situación en la ciudad

Nelson Mauricio Gallo Alfonso tiene 48 años y desde hace 25 trabaja como taxista en Bogotá, la capital colombiana. A los 23 entró al negocio motivado por conocidos a quienes veía que les iba bien siendo conductores de servicio público.

Su profesión le ha permitido comprar apartamento y pagarles la universidad a su hija y a su hijo. No obstante, si por carretera llueve, por las vías de la ciudad no escampa y Nelson Mauricio también está sintiendo los embates de la inflación.

A él la gasolina sí le subió, al igual que la alimentación, los repuestos y la mano de obra en los talleres.

“Por comentarle lo que invierto en comida: hace dos años, almorzaba un corrientazo de 7.000 pesos. Ahora, el más barato que encuentro es de 12.000 pesos”, dice.

Sobre la gasolina, asegura que él y otros compañeros taxistas se reunieron con el presidente Gustavo Petro, quien les explicó que el alza en el combustible era necesaria, y “entendimos el aumento”.

El presidente Petro nos explicó que el incremento es a nivel mundial y que, en el caso de Colombia, hay que subir el combustible o se va a profundizar el déficit que hay y nos afectaremos todos. Se le puede echar la culpa al Gobierno, pero no se tiene claro lo que hay que hacer para equilibrar las finanzas del país”, recuerda.

Y, a manera general, comenta que sus gastos mensuales se han encarecido en alrededor de 700.000 pesos.

¿Cómo logra responder por ese dinero de más? Buscando otras opciones, vendiendo productos y largando sus jornadas en dos horas, aunque reconoce que las personas han dejado de usar taxi por el valor de las carreras.

Los usuarios se quejan mucho por el precio, por lo que la cantidad de viajes ha disminuido. En mi caso, gracias a Dios, tengo muchos años en esto y tengo mis clientes, quienes me buscan para recorridos particulares. Pero, sin duda, el uso del taxi ha bajado”.

También señala a las aplicaciones de movilidad que hay en la ciudad como posibles efectos del mal momento económico que vive su gremio.

La cuestión de las apps no está legalizado en Colombia y ese monopolio es algo impresionante, por lo que es difícil competir contra ellos. Llevamos 7 años con ese problema: llegaron y se apoderaron del negocio y es muy difícil sacarlos”.

Si bien cree que la situación económica de su sector no mejorará pronto, expone que en la reunión que tuvieron con el presidente Petro se propuso crear un subsidio a la gasolina para los taxistas, “lo que se evaluará”.

La inflación en el transporte

A septiembre del 2022, la inflación anual en Colombia fue de 11,44 %, la más alta en más de 23 años (en abril de 1999 fue de 11,17 %).

En cuanto al sector transporte, la variación anual de inflación en este rubro, al noveno mes de 2022, fue de 9,59 %. Y su contribución al dato de 11,44 % fue de 1,23 puntos porcentuales.

El transporte es un servicio que mide el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) en el Índice de Precios al Consumidor (IPC) y cuando el Gobierno anunció el desmonte de los subsidios al combustible de vio impactado, pues uno de sus insumos iba a empezar a subir”, explicó Andrés Felipe Giraldo, director del Departamento de Economía de la Universidad Javeriana.

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Giraldo explica que los precios del transporte terrestre de pasajeros y carga están regulados en el país (no los de las aplicaciones de movilidad), por lo que los conductores se ven ‘atados’ y no pueden aumentar sus precios porque sí.

Los precios son regulados y para poder incrementarlos deben tener permisos, por los que, en últimos, los golpea mucho la situación. En el caso del sector carga, que van a puertos a cargar: se tiene un precio de 100 y se subió el transporte marítimo de 20 a 30, entonces ya no tienen 80, sino 70 para distribuir en otros costos, salarios, peajes, y eso afecta sus ganancias”.

Aquí vale la pena recordar el tema de los fletes (para la carga), que es un costo que se paga por la movilización de un volumen de mercancías desde un punto de origen hasta un punto de destino.

Los fletes se calculan según el Sisetac 2.0 del Ministerio de transporte y contempla parámetros generales para un viaje (como distancia en kilómetros y horas de viaje), costos fijos (como cuota del vehículo y salario del transportista), costos variables (como combustible, peajes, llantas) y otros costos (como comisión del conductor, ICA, rete fuente”, dijo Juan Harvey Castro Trujillo, director del programa de pregrado de Administración de Producción y Logística Internacional, de la Universidad El Bosque.

Efectos en el sector

El profesor Castro afirma que la inflación tiene efectos en el transporte terrestre en la medida en que el costo para los usuarios subirá, ya que se incrementan los repuestos, insumos, mantenimiento de los vehículos y los combustibles, entre otros.

En el transporte de pasajeros, el usuario destinará menos dinero de su ingreso al gasto de pasajes por satisfacer sus necesidades básicas. En cuanto al transporte de carga, se generan más costos para el flete y se transmitirá el precio de venta al público, que termina pagando más dinero por los productos transportados a los puntos”.

El profesor Giraldo, de la Javeriana, por su parte, dice que los empresarios, en el caso de la carga, han tenido costos elevados: “La reactivación del mercado ha tenido retrasos y la apertura de los puertos, no ha sido homogénea. Hay que sumarle también el costo de los contenedores”.

Carga o pasajeros, ¿cuál sufre más?

Giraldo afirma que el transporte de pasajeros la ha pasado más mal.

Castro dice que ambos se ven golpeados y va más allá: “La inflación afecta el bolsillo de los consumidores, a quienes, por satisfacer sus necesidades básicas, les tocará comprar menos productos de consumo masivo y viajar menos. Lo preocupante es que en el tema de transporte de carga terrestre se puede aumentar el índice de atracos e inseguridad en las vías del territorio nacional”.

En lo que coinciden ambos expertos es que el incremento del costo del servicio de transporte impacta a toda la cadena productiva, la cual incrementa los precios de los productos en el mercado.

Y concluyen diciendo que los problemas en el transporte son una influencia directa en los precios de venta al público sobre los productos de consumo masivo, como lo son los alimentos.

Fuente: Portafolio

Imagen: Momento 24

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