El transporte se ha consolidado como el principal factor que encarece la logística en Colombia, al concentrar cerca del 45 % del costo total, según el más reciente informe del Grupo Cibest. Este peso creciente lo posiciona como el mayor desafío para la competitividad empresarial en el país.
Lejos de ser solo un sector de apoyo, el transporte incide directamente en la estructura de costos de las compañías. En muchos casos, movilizar mercancías resulta más costoso que producirlas, una tendencia que ha venido en aumento y que redefine las dinámicas del mercado.
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Durante 2025, el sector mostró una recuperación parcial. El transporte de carga terrestre registró un aumento en volumen, aunque con rentabilidad afectada por el alza en combustibles y peajes. En contraste, el transporte de pasajeros avanzó de forma desigual: mientras el segmento aéreo evidenció un fuerte repunte limitado por la capacidad aeroportuaria, los puertos mantuvieron estabilidad en medio de un contexto internacional incierto.
El informe advierte que, pese a mejoras puntuales en eficiencia, Colombia mantiene costos logísticos elevados debido a su alta dependencia del transporte por carretera. Esta estructura amplifica el impacto de factores externos e internos, como la volatilidad en los precios de la energía, cambios regulatorios y fallas operativas.
En este entorno, cualquier alteración —como incrementos en combustibles, ajustes en peajes o bloqueos viales— se traduce rápidamente en mayores precios, menores márgenes y retrasos en las entregas. Actualmente, el desempeño logístico del país alcanza 2,9 sobre 5, apenas por encima del promedio regional, mientras que los costos logísticos representan el 15,6 % de las ventas, muy por encima del 8 % al 10 % observado en economías desarrolladas.
A estos desafíos se sumaron en 2026 factores como el aumento del salario mínimo, el ajuste en el precio del diésel y la actualización de tarifas de peajes. Además, los tiempos de operación —como cargue y descargue— continúan impactando los costos, con incrementos cercanos al 7,9 % por cada hora adicional.
Las diferencias también se evidencian en los corredores logísticos. Según el DANE, rutas como Bogotá–Yopal y Bogotá–Villavicencio presentaron las mayores variaciones en costos, mientras que el trayecto Bogotá–Medellín mostró incrementos más moderados.
El análisis revela un cambio estructural: el principal cuello de botella ya no está en el almacenamiento, sino en la movilización eficiente de mercancías. En 2024, el transporte pasó de representar el 31 % al 45 % del costo logístico, reflejando una mayor presión sobre la operación en carretera.
En este segmento, la estructura de costos es rígida, con una alta participación de gastos fijos, peajes y combustibles, lo que limita la capacidad de ajuste. A esto se suman problemas recurrentes como bloqueos, fallas en sistemas de trazabilidad y demoras administrativas, que elevan los costos operativos.
Ejemplo de ello son los recientes bloqueos en Santander, que han generado pérdidas diarias estimadas en 120.000 millones de pesos, afectando la movilidad de carga y las exportaciones. Gremios advierten que estas situaciones alteran de manera significativa las condiciones básicas para la actividad productiva.
A nivel internacional, la volatilidad en los precios del petróleo, influenciada por tensiones geopolíticas, continúa impactando el costo del diésel. Según el informe, un incremento de 1.000 pesos en el combustible puede añadir cerca de 0,12 % a la inflación mensual.
En el transporte urbano, la demanda también ha cambiado. Aunque se observa una recuperación frente a la pandemia, los niveles aún están por debajo de los registros históricos. Factores como el teletrabajo y el crecimiento del uso de motocicletas —con más de 1,1 millones de unidades nuevas en 2025— han transformado los patrones de movilidad.
En el ámbito aéreo, la demanda ha mostrado una recuperación sólida, con cerca de 62 millones de pasajeros movilizados en 2025 entre rutas nacionales e internacionales. Sin embargo, la limitada capacidad de infraestructura, especialmente en el aeropuerto El Dorado, restringe el crecimiento del sector.
Por su parte, los puertos mantuvieron niveles elevados de operación hasta 2025, pero en marzo de 2026 registraron una caída significativa del 40,4 % en el volumen movilizado, evidenciando una posible desaceleración en distintos tipos de carga.
El panorama general confirma que el transporte se ha convertido en un elemento central para la economía colombiana. Más allá de aumentar el volumen de movilización, el reto está en mejorar la eficiencia y reducir las fricciones que hoy elevan los costos y limitan la competitividad.
Nota Editorial: *Este contenido fue escrito con la asistencia de un editor de eltransporte.com, basado en información de conocimiento público divulgada a medios de comunicación.
















